Todas las clases sociales, excepto los persistentes monárquicos, apoyaban la revolución. Delacroix representa esto mostrando la gran variedad de sombreros que llevaban los sublevados —sombreros de copa, boinas y gorras, todos están presentes—.
209 palabras a 0.03 céntimos por palabra; 6,27 Euros.
“La traductora ha visto ya este cuadro. La traductora ha viajado mucho y dice su padre que ha aprendido poco. Estaba en parís y ahora se imagina parís con su montaña de cadáveres, y los tienen todos escondidos detrás de las torres de notredam, arreglados en orden porque los franceses son metódicos y cuando se aburren ordenan cosas, zapatos, champús, pintalabios, lo que se tercie, y los muertos también, aquí los con pelo y allá los calvos, los mancos, los tuertos, a los que les falta un pié, aquí los del derecho, allá los del izquierdo, los reconocibles y los irreconocibles, los reclamados y los dejados de la mano de dios, y seguro que en el uold treid senter los ordenaban también, musulmanes con musulmanes, cristianos con cristianos, en la pila de allá ponme a los locales que si no luego no me aclaro, John. ieah beibi.
Cuando la traductora estuvo en parís no era aún una traductora. De hecho no fue ni será nunca una traductora, pues los traductores, sabido es desde que invadieron bruselas, venden su alma al diablo, hablan con voz rara y dejan que los espíritus de sarkózy y sus secuaces les invadan la garganta y hablan sin decir lo que quieren sino lo que quieren los sarkózis y los secuazos. Y por eso la traductora, aunque traduce, sabe que es una impostora, porque no le sale no decir lo que quiere, y de vez en cuando no lo puede evitar y cambia la fecha de un cuadro, la mayúscula de un apellido incorrectamente mayusculado, y eso que pese a sus principios ha permitido que todos los Nationality: Dutch pasen a Nacionalidad: Holandés en vez escribir Nacionalidad, Neerlandés, que es el término correcto para catalogar a los holandeses, digo, a los neerlandeses, porque “holandés” tiene menos letras que “neerlandés”, y se hace más ágil, y también porque la palabra neerlandés siempre le ha recordado a neandertal, y le da la risa cada vez que se imagina a los neandertales de holanda construyendo diques, porque ya se sabe que dios hizo el mundo, menos holanda, que la hicieron los holandeses.
A la traductora le gusta parís, pero también le gusta holanda. En esto, está dividida. Y cuando le preguntan que por qué le gusta parís, dice que es por el louvre, o por el sena, o por notredam, o por el metro, y cuando le preguntan que por qué le gusta holanda, dice que es por la lluvia, o cualquier otra tontería, por los zuecos, por las playas, por la gente. Aunque la traductora sabe que hay siempre dos razones para cada cosa: la buena y la real. O la confesable y la inconfesable. Y a veces, la buena, la real, la confesable y la inconfesable, son cuatro razones distintas. Y cuál es más razón, y a quién le digo qué, son materias espesas, espesas.”