Arxiu de Desembre, 2006

The flame

Divendres, 22 Desembre 2006

Junto las manos para que la pequeña brasa que alimento no se apague con la lluvia o con el viento, miedo me da que con sólo pensar “va a apagarse” sea como el “no pienses en el oso blanco”, igual que cuando te dije que el motivo por el que en el cuento de The Tell Tale Heart el protagonista debía confesar a gritos su crimen era el peso de su propio pensamiento: porque no puedes ocultar lo único que debes ocultar.  

Por eso me da miedo que al pensar, va a apagarse, la llama comience a descender y me abandone. Y tengo que abrazarla con todas mis fuerzas con estos dedos helados y arbóreos porque lo único que me importa es que siga ahí. Porque sin esta llama no soy nada. Yo no tengo vuestros talentos espectaculares, yo no se hacer oro del plomo ni conozco el elixir de la vida eterna, yo no se dar un si por un no, no se mezclarme ni conjurar una tormenta de imágenes a mis pies, no se crear fuegos artificiales en los ojos. 

Y mientras intento explicar un cuento de Navidad de mi para nadie, intento recordar cómo hacer para que dos palabras sean más que dos palabras, el óxido chirría en mis dedos pegados como membranas de pez, oh si, repetición, oh si, aliteración, oh si, paradigma, metáfora, comparación, y mi preferida, el palimpstemo, la llama brilla un poco más y mis dedos se hielan un poquito más, sólo un poquito más para escribir un cuento de Navidad. 

Y envidio vuestros talentos fulgurantes mientras mis dedos se van convirtiendo en pedazos de olvido, y admiro vuestras horas, vuestras risas, vuestro todo, mientras de mi corazón van saliendo los brotes de las raíces que no pude echar en el suelo y me suben por la garganta las palabras que no quise dejar salir y se me hacen flores en la laringe y aún y ya no puedo respirar. 

Escribiré un cuento de Navidad. Nadie sabe leer ya, pero escribiré un cuento de Navidad. Para demostrar que en la época de la electricidad todavía puede brillar una llama.

Fumadores versus no fumadores

Diumenge, 17 Desembre 2006

En mi próxima vida escojo reencarnarme en no-fumadora. Siempre he envidiado a la feliz parte de la sociedad que se autodefine como no fumadora, que fuma sólo en eventos sociales (de gorroneo, se entiende), denigra a los fumadores el resto del tiempo y los martiriza como si, en realidad, los fumadores no fuesen seres humanos que merecen el mínimo de respeto impuesto por la constitución. Tal vez fuera conveniente ampliar el artículo 14, para que quede más claro: 

Artículo 14Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. El hecho de fumar o no tampoco será motivo de discriminación. 

Protestad un poco, fumadores. Os tratan peor que a la suela de un zapato; os miran por encima del hombro como si fueseis portadores de una enfermedad sumamente desagradable y contagiosa. Os dicen que apestáis. Antes incluso de que encendáis el cigarro se os acercan para toser ostensiblemente. “Me molestas”, dicen los no fumadores por señas harto evidentes (eso cuando no lo dicen directamente). Mientras, se dan la gran vida con los impuestos que pagamos nosotros. 

Si, impuestos que pagamos nosotros. Los únicos impuestos bien vistos por la sociedad: los que pagan los fumadores. Seguid creyendo, si queréis, que el estado es tan caritativo como para invertir luego en darnos una muerte pacífica cuando nuestros pulmones revientan. El “estado caritativo” es un mito. Al estado le encanta que fumemos. Las autopistas españolas se construyen con los restos de nuestros pulmones. En los cimientos de las universidades están nuestros alvéolos destrozados. Y a vosotros, áureos no fumadores, también debería encantaros. Estamos pagando la educación de vuestros hijos. Pagamos el metro y los autobuses. Pagamos los centros culturales y las exposiciones de arte. Pagamos las piscinas y las bibliotecas. Pagamos los subsidios de los drogadictos (que curioso que, dado que el tabaco es “tan malo”, nadie nos subvencione a *nosotros* para dejar de fumar). Y cuando reventamos, nos ponen al final de la lista de espera, nos echan en una miserable cama de hospital, nos sermonean por haber sido tan estúpidos, nos mantienen en dolorosa vida el máximo tiempo posible (¡pa’que aprendamos!) y nos echan la bronca si intentamos fumar a escondidas. Total, que más les dará. 

Pero claro, tenéis razón. El tabaco es muy malo. Sois fumadores pasivos, y eso es terrible. También chupáis mil veces más los humos desprendidos por nuestra sanísima ciudad, pero eso no importa. Os sacáis el carnet de conducir mientras causáis irreparables daños psicológicos a los fumadores, acosándolos, denigrándolos, excluyéndolos. ¿O es que os pensáis que sienta bien ser rechazado constantemente hasta por los que se (auto) denominan tus amigos? No importa, merecemos sufrir y ser degradados mientras vosotros sacáis billetes en las budget-airlines. Vaya, hace unos días me compré un billete de avión por 40 euros, el precio de unos 15 paquetes de tabaco. Wow, me pregunto que es más malo para el planeta.  

Hay que segregar a los no-fumadores. No permitir que sus perniciosos humos nos alcancen (pero sus impuestos no los toquéis, por favor). Tengo una idea mejor: que tal si el dinero recaudado por los fumadores se dedicara exclusivamente a los que nos abrasamos la faringe con alquitrán. Podríamos hacer carnets de fumadores. Nos daríamos la gran vida, y a los demás que os jodan. Y a la hora de morir moriríamos como héroes sufrientes, arropados en un hospital de lujo lleno de flores financiado por nuestros propios cigarrillos. Pero no, eso no. Sois tan generosos y altruistas, siempre tan preocupados por nuestra salud y nuestra economía: venga pues, manifestaros para que ese dinero nos pertenezca en exclusiva. Pues es nuestro por derecho: ¿por qué lo habríais de disfrutar vosotros, vosotros que dedicáis toda vuestra energía a martirizar nuestras pobres almas, convirtiéndonos en constantes personas non-gratas? 

Entiendo que os moleste el humo del tabaco. Tenéis un sentido del olfato muy desarrollado. Yo también (aunque algunos ignorantes crean que el tabaco te despoja por completo de tus capacidades olfativas, no es así, al menos no en mi caso): huelo los perfumes con los que os acicaláis y me entran ganas de irme al lavabo a vomitar elegantemente. ¿Con qué derecho os quejáis de que os desplace nuestro olor cuando vosotros os dedicáis a rociaros en enormes cantidades de almizcle, cual animales en celo? Es repugnante. Y que decir de otras actividades sociales. Nos prohibís fumar en bares, restaurantes y discotecas, mientras vosotros os emborracháis hasta el límite y aprovecháis la excusa de la embriaguez para robarnos algún cigarro (¿no odiabais tanto fumar? un poco de consecuencia en vuestros actos, por favor). 

Me molesta veros borrachos, revolcándoos por la pista de baile, todo sentido de la dignidad perdido ya. Me molesta veros sobando a vuestros compañeros nocturnos, o sobando a los pocos que quedamos sobrios, insultando nuestro sentido del decoro y asfixiándonos con vuestro espeluznante olor a barril de vino tinto. ¿Quién me compensará por el daño psicológico que me causáis cuando pretendo sólo bailar, quién me compensará por las manos sucias que se alzan para tocarme, por los alientos agrios y la deprimente visión de los cuerpos humanos mezclados sin ton ni son? Pido discotecas para abstemios. Expulsad a esos borrachos apestosos. Si hay que fragmentar, fragmentemos democráticamente. Muerte a los hipócritas. 

Lo peor es que ni siquiera os dais cuenta que nada de esto importa. Fumar o no fumar, zonas libres de fumadores o no, todo esto es una cortina de humo (nunca mejor dicho). Poco habría de importarte el asfalto que tragas como fumador pasivo, cuando en 6 años el planeta entrará en un ciclo irreversible de calentamiento. Menos aún habría de importarte si lo comparas con la cantidad de mierda que tragas cada día al vivir en una ciudad, a la cual contribuyes doblemente si conduces. No me importa tanto tu evidente hipocresía (que al fin y al cabo es tan común que apenas se percibe ya) sino tu ceguera ante la obvia trampa que te prepara el estado: mientras tú ocupas tu mente en desprestigiar a los fumadores, ellos especulan con el piso (iba a decir la casa, pero eso ya sería recochineo) que nunca tendrás y el trabajo de tus sueños que tampoco conseguirás. Mientras se organizan debates sobre la perversidad del tabaco, tú dedicas el 80% de tu sueldo a pagar una habitación. Quizá esto te parece normal: no lo es. 

El estado es más listo que tú, primero, porque es una colmena de muchos individuos bastante más instruidos que tú, y segundo porque es más viejo, y tiene una experiencia de la que tú careces. Las cortinas de humo no son nuevas; ya sean hechas con guerras exteriores o con una falsa preocupación por el cigarrillo. Despierta ya: te engañan a ti también, haciéndote malgastar tu precioso tiempo y aún más precioso cerebro pensando en los 60 elementos cancerígenos del tabaco. De cáncer moriremos todos, fumemos o no. No te dejes arrastrar tan fácilmente por la solución fácil. Saca tu pancarta.

¡ME
LA SUDA QUE EL TABACO SEA CANCERÍGENO. CASA YA!
 

¡ME
LA SUDA QUE HABLÉIS O NO CON ETA. SUELDO DIGNO YA!
 

¡ME
LA SUDA QUE PEPITO MALVERSE FONDOS PÚBLICOS. IGUALDAD DE SUELDOS YA!
 

¡ME
LA SUDA EL IDIOMA EN QUE HABLEN. UNIVERSIDAD GRATUITA YA!
 

¡ME

LA SUDA SI

LA VICEPRESIDENTA ES LESBIANA. MEJORAS EN

LA SANIDAD PÚBLICA YA! 

Ay, divide y vencerás. Y dividen, y vencen.

  

Estar ahí

Dissabte, 16 Desembre 2006

No estoy aquí para divertirte. No estoy aquí para odiarte, motivarte, iluminarte, embellecerte, ser el espejo en que ves todas las cosas. Eso es lo más difícil de comprender. Entiendes que los acontecimientos no tengan sentido, pero ¿las personas?

Todos esos secretos sucios que guardamos. Cuando aprenderás que lo secreto no es lo heroico, sino lo despreciable. Y si es heroico y lo oculto: ¿no pensarías que hay algo en todo ello de lo que me avergüenzo? Deberías, porque nadie es la excepción a la norma.

Y siempre piensas que él si, él es la excepción. Que somos dos excepciones que estaban destinadas a encontrarse –cuando la probabilidad se ríe y dice: no-. No sois ninguno una excepción, ni estabais destinados a encontraros.

Puesto que para la vulgaridad no existe la corona del destino. Lo vulgar contempla sólo el color gris del día a día, el hundimiento de las esperanzas, el desintegrarse poco a poco sin el reconocimiento de la inmortalidad.

Tal vez encuentres la felicidad en el color de las hojas que crujen bajo tus pies. O en un atardecer en las puntas de los dedos. O en un sorbo de hiperactividad. O en una almohada de bolas de nieve. O en los créditos de una película.

Y la excepcionalidad que deseas –pero que no te atreves a agarrar, porque no quieres pagar ese precio. ¿Pues qué esperabas, duros a cuatro pesetas? Harás tu camino sola, o no harás tu camino, sino el de otra persona (a ti saber cuál).

If you know what I mean.

Better day

Divendres, 1 Desembre 2006

Un poco nostálgica, un poco evitando trabajar, un poco añorando los días en que esta canción me llenaba de unos sentimientos de inseguridad que puedo evocar pero no recordar, un poco agradecida de poder volver a escucharla y sentir todo el placer sin el dolor, un poco decepcionada de que ya no haya lágrimas que conjurar con las palabras adecuadas, y es que siempre tuvieron las palabras adecuadas, un poco sorprendida de que fuera *entonces*, en días que no me figuro cómo pude apenas intuir qué significaba todo eso, entonces cuando lo entendí, y no ahora, ahora que estoy capacitada para saber de qué hablan y darme cuenta de que es una de las canciones menos crípticas que jamás sacaron al mercado, y ahora que lo entiendo ya no lo comprendo, ni quiero volver a comprenderlo, aprehenderlo, absorber todos esos sentimientos hechos de palabras raspas como astillas de hielo, abrir mi corazón de esa manera y renunciar a la frágil estabilidad de tantos sueños cuidadosamente locos, si, locos si, pero cuidadosamente apilados. 

No, no puedo ni quiero volver a abrir mi caparazón coriáceo otra vez, y me imagino que eso debe ser lo que estúpidamente llaman adolescencia, la incapacidad de, o la inocencia de creer que puedes absorber esas cantidades enormes de dolor sin protección, respirando vida a través de la garganta abierta, escuchando a dover y comprendiéndolo todo sin saber nada, o más bien sabiendo ya que todas esas promesas de catástrofe van a ser ciertas, certeza insoportable del Apocalipsis, una crónica de una muerte en vida anunciada. Dolor-esencia. No he cambiado: me he escondido. 

Soñé que era crítica de cine en una web de cine. Paradoja extremista es esta de estar capacitada para destrozar todos los sueños de los demás. Aprendí que mis palabras eran fuego y los pensamientos el viento que eleva las llamas, no llores, prometo no herirte nunca más en nombre del cinismo, si te hiero será en mi propio nombre, o en el tuyo, cuántas veces me has dicho oh your words hurt, cuántas veces he vuelto a aprender a no destrozar lo irreparable sino sólo las formas innecesarias cuyas paredes puedes volver a levantar mientras yo no esté, tenerlas listas para nuestro próximo encuentro en que jugaremos a derruir lo que construiste para mi, para que pudiese despreciarlo y atacarlo, un laberinto de muros tan enorme que aunque oiga tu corazón latir ahí detrás se que no podré herirte lo suficiente como para dejarlo al desnudo y cogerlo, el premio de la partida, mientras vas alentando mi cinismo y yo lo voy perfeccionando, vamos levantando increíbles estratagemas de guerra, vamos jugando y jugando, las heridas no importan si el juego es lo suficientemente entretenido para dos que se aburren contemplando los sencillos diseños de la humanidad, y ya vas sabiendo que no podrás escapar nunca porque sabes que sin mi el aburrimiento te matará, sabes que aunque huyas volverás para seguir jugando, y lo odias. Y me encanta cuando me hieres tú porque se que andas buscando mi corazón – pero no puedes pasar. 

Las cosas no tienen nunca una conclusión, ni siquiera los artículos de prensa. Es un error pensar que habrás conseguido abrazar todas las variables y presentarlas en una bandeja con tomatitos y patatitas, guiando el ojo hasta el centro del asado. Las conclusiones son para los que tienen miedo. La inconclusividad para los que mienten. Y todo buen guión se basa en un personaje que tiene que escoger entre dos alternativas terribles. Escoge: si la elección es buena, es que vives en una película americana. 

Better Day

All i had to do was to be nice
But, no! no! no!
I just fucked it up!
It’s been like that for my whole life

And if i was born again
It’d be the same
One thing at a time
Yeah!, i lied
Yeah!, i’m scared

1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12
13 seconds left
It’s the time i had to run away
But i forgot and woke up late
Like everyday
One thing at a time
Yeah!, i lied
Yeah!, i’m scared

I just quit it all
I’m not ashamed
I would rather wait for a better day
If you would have been with me that day
I know things would be a diferent way

-Dover, “Better Day”-

 

Afterhours I: si ella dice que mintió, ¿crees que sus otras declaraciones son válidas? Por ejemplo, ¿crees que tiene miedo? ¿O que no lo tiene? ¿Crees que es verdad que preferiría esperar un día mejor para huir, o que en realidad, puesto que está mintiendo, simplemente es que no quiere huir? Y el meollo de la cuestión: si él hubiese estado, ¿hubiese ido mejor? ¿es autoengaño?