En mi próxima vida escojo reencarnarme en no-fumadora. Siempre he envidiado a la feliz parte de la sociedad que se autodefine como no fumadora, que fuma sólo en eventos sociales (de gorroneo, se entiende), denigra a los fumadores el resto del tiempo y los martiriza como si, en realidad, los fumadores no fuesen seres humanos que merecen el mínimo de respeto impuesto por la constitución. Tal vez fuera conveniente ampliar el artículo 14, para que quede más claro:
Artículo 14Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. El hecho de fumar o no tampoco será motivo de discriminación.
Protestad un poco, fumadores. Os tratan peor que a la suela de un zapato; os miran por encima del hombro como si fueseis portadores de una enfermedad sumamente desagradable y contagiosa. Os dicen que apestáis. Antes incluso de que encendáis el cigarro se os acercan para toser ostensiblemente. “Me molestas”, dicen los no fumadores por señas harto evidentes (eso cuando no lo dicen directamente). Mientras, se dan la gran vida con los impuestos que pagamos nosotros.
Si, impuestos que pagamos nosotros. Los únicos impuestos bien vistos por la sociedad: los que pagan los fumadores. Seguid creyendo, si queréis, que el estado es tan caritativo como para invertir luego en darnos una muerte pacífica cuando nuestros pulmones revientan. El “estado caritativo” es un mito. Al estado le encanta que fumemos. Las autopistas españolas se construyen con los restos de nuestros pulmones. En los cimientos de las universidades están nuestros alvéolos destrozados. Y a vosotros, áureos no fumadores, también debería encantaros. Estamos pagando la educación de vuestros hijos. Pagamos el metro y los autobuses. Pagamos los centros culturales y las exposiciones de arte. Pagamos las piscinas y las bibliotecas. Pagamos los subsidios de los drogadictos (que curioso que, dado que el tabaco es “tan malo”, nadie nos subvencione a *nosotros* para dejar de fumar). Y cuando reventamos, nos ponen al final de la lista de espera, nos echan en una miserable cama de hospital, nos sermonean por haber sido tan estúpidos, nos mantienen en dolorosa vida el máximo tiempo posible (¡pa’que aprendamos!) y nos echan la bronca si intentamos fumar a escondidas. Total, que más les dará.
Pero claro, tenéis razón. El tabaco es muy malo. Sois fumadores pasivos, y eso es terrible. También chupáis mil veces más los humos desprendidos por nuestra sanísima ciudad, pero eso no importa. Os sacáis el carnet de conducir mientras causáis irreparables daños psicológicos a los fumadores, acosándolos, denigrándolos, excluyéndolos. ¿O es que os pensáis que sienta bien ser rechazado constantemente hasta por los que se (auto) denominan tus amigos? No importa, merecemos sufrir y ser degradados mientras vosotros sacáis billetes en las budget-airlines. Vaya, hace unos días me compré un billete de avión por 40 euros, el precio de unos 15 paquetes de tabaco. Wow, me pregunto que es más malo para el planeta.
Hay que segregar a los no-fumadores. No permitir que sus perniciosos humos nos alcancen (pero sus impuestos no los toquéis, por favor). Tengo una idea mejor: que tal si el dinero recaudado por los fumadores se dedicara exclusivamente a los que nos abrasamos la faringe con alquitrán. Podríamos hacer carnets de fumadores. Nos daríamos la gran vida, y a los demás que os jodan. Y a la hora de morir moriríamos como héroes sufrientes, arropados en un hospital de lujo lleno de flores financiado por nuestros propios cigarrillos. Pero no, eso no. Sois tan generosos y altruistas, siempre tan preocupados por nuestra salud y nuestra economía: venga pues, manifestaros para que ese dinero nos pertenezca en exclusiva. Pues es nuestro por derecho: ¿por qué lo habríais de disfrutar vosotros, vosotros que dedicáis toda vuestra energía a martirizar nuestras pobres almas, convirtiéndonos en constantes personas non-gratas?
Entiendo que os moleste el humo del tabaco. Tenéis un sentido del olfato muy desarrollado. Yo también (aunque algunos ignorantes crean que el tabaco te despoja por completo de tus capacidades olfativas, no es así, al menos no en mi caso): huelo los perfumes con los que os acicaláis y me entran ganas de irme al lavabo a vomitar elegantemente. ¿Con qué derecho os quejáis de que os desplace nuestro olor cuando vosotros os dedicáis a rociaros en enormes cantidades de almizcle, cual animales en celo? Es repugnante. Y que decir de otras actividades sociales. Nos prohibís fumar en bares, restaurantes y discotecas, mientras vosotros os emborracháis hasta el límite y aprovecháis la excusa de la embriaguez para robarnos algún cigarro (¿no odiabais tanto fumar? un poco de consecuencia en vuestros actos, por favor).
Me molesta veros borrachos, revolcándoos por la pista de baile, todo sentido de la dignidad perdido ya. Me molesta veros sobando a vuestros compañeros nocturnos, o sobando a los pocos que quedamos sobrios, insultando nuestro sentido del decoro y asfixiándonos con vuestro espeluznante olor a barril de vino tinto. ¿Quién me compensará por el daño psicológico que me causáis cuando pretendo sólo bailar, quién me compensará por las manos sucias que se alzan para tocarme, por los alientos agrios y la deprimente visión de los cuerpos humanos mezclados sin ton ni son? Pido discotecas para abstemios. Expulsad a esos borrachos apestosos. Si hay que fragmentar, fragmentemos democráticamente. Muerte a los hipócritas.
Lo peor es que ni siquiera os dais cuenta que nada de esto importa. Fumar o no fumar, zonas libres de fumadores o no, todo esto es una cortina de humo (nunca mejor dicho). Poco habría de importarte el asfalto que tragas como fumador pasivo, cuando en 6 años el planeta entrará en un ciclo irreversible de calentamiento. Menos aún habría de importarte si lo comparas con la cantidad de mierda que tragas cada día al vivir en una ciudad, a la cual contribuyes doblemente si conduces. No me importa tanto tu evidente hipocresía (que al fin y al cabo es tan común que apenas se percibe ya) sino tu ceguera ante la obvia trampa que te prepara el estado: mientras tú ocupas tu mente en desprestigiar a los fumadores, ellos especulan con el piso (iba a decir la casa, pero eso ya sería recochineo) que nunca tendrás y el trabajo de tus sueños que tampoco conseguirás. Mientras se organizan debates sobre la perversidad del tabaco, tú dedicas el 80% de tu sueldo a pagar una habitación. Quizá esto te parece normal: no lo es.
El estado es más listo que tú, primero, porque es una colmena de muchos individuos bastante más instruidos que tú, y segundo porque es más viejo, y tiene una experiencia de la que tú careces. Las cortinas de humo no son nuevas; ya sean hechas con guerras exteriores o con una falsa preocupación por el cigarrillo. Despierta ya: te engañan a ti también, haciéndote malgastar tu precioso tiempo y aún más precioso cerebro pensando en los 60 elementos cancerígenos del tabaco. De cáncer moriremos todos, fumemos o no. No te dejes arrastrar tan fácilmente por la solución fácil. Saca tu pancarta.
¡ME
LA SUDA QUE EL TABACO SEA CANCERÍGENO. CASA YA!
¡ME
LA SUDA QUE HABLÉIS O NO CON ETA. SUELDO DIGNO YA!
¡ME
LA SUDA QUE PEPITO MALVERSE FONDOS PÚBLICOS. IGUALDAD DE SUELDOS YA!
¡ME
LA SUDA EL IDIOMA EN QUE HABLEN. UNIVERSIDAD GRATUITA YA!
¡ME
LA SUDA SI
LA VICEPRESIDENTA ES LESBIANA. MEJORAS EN
LA SANIDAD PÚBLICA YA!
Ay, divide y vencerás. Y dividen, y vencen.