En efecto, el cine de Shyamalan nace desde el precondicionamento absoluto respecto a la validez estética –validez, por otra parte, muy sobrevalorada por la crítica des experts- de la mirada. La condición tan extática como ambigua, así como la direccionalidad maravillosamente frugal del guión, verdadera vorágine de la historia, nos conduce hacia una inevitable retina cuyo fin (y principio) es siempre el mismo: devolvernos la mirada, absorber nuestros sueños y regurgitarlos en el hálito puro y sincero de aquellos que han ido más allá, una metáfora perfecta, en fin, de la doble mentira del film como idea. Así, el doble filo en el que se reflejan los ojos del extraño (Signs) danza en perfecto equilibrio con la absurda (pero no por ello menos pura) mirada de la protagonista de The Village y con la ceguera voluntaria del protagonista de The Sixth Sense, ceguera que, en este último caso, es condición necesaria, imprescindible y arriesgada para un correcto golpe de gracia (y de taquilla, sea dicho de paso). La mirada protege tanto como revela, y sólo la invocación de ésta en su forma más antigua (y por ello, pura) devolverá la historia su sentido primigenio. De esta premisa surge Lady in the Water. La circularidad del relato, la presencia indómita de un agua que simboliza los principios más oscuros y gelatinosos de la vida, así como la noche perpetua en la que se gesta el último trazo posible de fantasía dan lugar a una visión aún más abierta –abierta en exceso, incluso- de la convergencia entre lo real y lo irreal, la tierra versus el agua, la mirada versus el no querer ver. Pero para aquel que se atreva a abrir los ojos a la fulgurante explosión de veracidad, el castigo no será la ceguera, sino el cambio…el cambio que, como todo en Shyamalan, conduce a la restitución del orden de las cosas, rotas, pero inalteradas, en un bitter-happy end…
Marlenne Donnay, Essays sur l’impossible, pág. 63 [dentro del capítulo
La Nuit et Shyamalan], Éditions Prometheus, Lyon, 2006.
Dimarts, 6 Febrer 2007 a les 2:22
i jo pensant tota l’estona que ho havies escrit tu