Todo el mundo está en todas partes y nuestras opiniones no suman ni la mitad del espacio mental que desearíamos ocupar. Los cerebros importados de Taipei se devanan las células encefálicas en larguísimos y brillantes estudios de investigación financiados por farmacéuticas que demuestran que dejar de fumar provoca estrés. El fracaso es tan relativo como la señalización urbana pero el éxito es una pulsión ciega y momentánea, el anticlímax de una película que conduce al tristísimo e inminente final. El parlamento europeo invita a cientos de jóvenes a la capital Europea para participar en el debate de “Does America act while Europe debates?”. ¿Y cómo no estar paranoico mientras cualquiera puede ser secuestrado e impunemente amarrado a un cinturón de explosivos? ¿Y cómo no estar nervioso cuando cada día estás más segura de que los coches bomba los pone el gobierno y que el registro de seguridad de los aeropuertos es un gran show al servicio de una ironía inmortal? Recuerda el proverbio chino: las dinastías resisten o caen, y si el rebelde triunfa, es porque tiene la bendición del cielo.
El mundo se divide entre los que tienen algo interesante que decir, pero carecen de los medios para hacerlo, y los que tienen los medios pero no tienen nada interesante que decir. Europa consta de dos partes: Bruselas y todo lo demás. La arbitrariedad de las clasificaciones no sólo es bella sino que es insosteniblemente molesta. Los silogismos molones, las analogías desperdiciadas, los palimpsestos panfletarios, las derivas vandálicas, el arte sumiso, la escritura invisible, todo se reduce a discursos en miniatura de una realidad que no puede ser representada ni por una mente incapaz de abarcarla, ni por un lenguaje imposiblemente limitado, una realidad que, sobre todo, no puede ser representada porque no resulta conveniente. Bansky es una ilusión británica, una emulación de la cobarde belleza de una insumisión de lo más rentable. Pero mira qué manos tengo, manos de señorita, manos que escriben y se han cansado de buscar una coherencia que a nadie le interesa, manos que se dicen, qué más da ya, qué coño, manos que no quieren estar al servicio de la normalización física y mental que entra por los grifos y crece en las fértiles vegas de la comunicación, manos que quieren romper las estructuras que ellas mismas se imponen. Dijo un estúpido que si Europa no existiese, habría que inventarla. Por supuesto, sólo era un farol, pero yo me digo, que pena que ya inventasen todos los ismos. Yo quería ser Magritte. Dios es belga. Que lo sepáis: los estudios y la escritora más cabrita de la moderna literatura francófona demuestran que Dios habla flamenco.
Tampoco fuiste la única que decidiste diagnosticar en mí una locura basada en incongruentes pruebas profilácticas y otros dietéticos hormonales de los que no utilizo. Otros con más motivos se equivocaron antes y me enorgullece decir que fueron más grandes. Bíblicamente hablando. Esta desestructuración creciente contra el discurso generalista, que a mi me huele a quemado, el discurso digo, no así la desestructuración verbal, verbo que es carne y pasto de una comunicación cuyas vías respiratorias están atascadas de moco social, esta desestructuración, digo, y observa que aunque desestructure el núcleo de la comprensión no pretendo que te pierdas en los requiebros idiomáticos de una arrogancia lingüística que sin embargo, he comprobado, se queda chiquita en comparación con la talla estándar del ego del hombre moderno y la mujer mediática, puede ser la llave para abrir las puertas de un mundo cerrado a cualquier petición formal. No estoy esquizofrénica y es una pena que no vivamos un poco más atrás, cuando se permitía encerrar a pendejos como yo sin pasar esas pruebas que consisten en dibujar arbolitos, jo cómo molan, ya quisiera yo pasarme el día rellenando huequitos en las frases y pintando retratos de mi familia. Nunca nadie se molesta en encerrar a los capullos que se dedican a señalar con el dedo todo lo que parece sintomático de ser extraño, non-fitting, algo así como un oso de primavera correteando por el césped de la UB. Ejercen la vigilancia social y además lo hacen de puta madre. Yo me pregunto cuántos espías hay entre nosotros. Hoy he visto a un tipo borracho por la calle y he pensado que era un peligro para la sociedad. Auch. El control remoto sigue funcionando y hasta los escritores están a punto para dar lo mejor de si mismos cuando así se les ordene. Larga vida a la democracia, y a los que trabajamos por ella, con nuestras lealtades de doble cara.
Si la dinastía cae, es que el rebelde cumple el mandato del cielo
A.