Pony: dícese de un poderoso trauma que pasta en las verdes praderas del inconsciente y que responde a ciertos estímulos, ante los cuales hace un violento acto de presencia, desbaratando todo el sistema de valores de una persona. El término “pony” deriva del grandioso trauma que se genera cuando tienes siete años, quieres un pony y tus padres no te lo compran. El pony así creado suele pasar inadvertido durante los años subsiguientes hasta que, al presentarse el estímulo adecuado -que suele ser una situación similar- emerge violentamente de las profundidades de su guarida, arrasando relaciones y amistades a su paso. Un ejemplo muy básico, si tus padres se olvidaron de comprarte el pony, sería que 20 años más tarde cogieses un cabreo de antología del disparate al darte cuenta de que a tu marido (¡una vez más!) se le ha olvidado que hoy es vuestro aniversario. Una definición alternativa de pony sería “el motivo por el que psicólogos, psiquiatras y demás sinvergüenzas ganan una pasta gansa con tus problemas”.
Un pony puede presentar diversos tamaños y pelajes, aunque normalmente es difícil saber qué rollo porque aparecen y reaparecen muy rápido y prefieren ambientes oscuros. Un pony pequeño puede ser incluso simpático. Pony pequeño: dícese de cuando tienes cuatro dedos en el pie en vez de cinco, pero no te importa. A veces un pony no es un pony sino un caballo de carreras. Caballo de carreras: dícese de un pony gigante, peligroso y que puede cabalgar a gran velocidad, colapsando sinapsis neuronales a su paso; por ejemplo: un chico no te hizo caso y tu depresión degenera en anorexia aguda. En ocasiones, igualmente, distinguimos a ponys con jinetes: a estos últimos los llamamos jockeys. Jockey: persona, grupo de personas o figura, real o imaginaria, a la que consideramos responsable de un pony; por ejemplo, el primo hermano que te violó de pequeña o el maestro que abusaba de ti en la primaria. También existen las manadas de ponys, que, como su nombre indica, son muchos ponys juntos. Estas manadas son muy peligrosas y pueden destrozar psiques enteras si uno no se aparta a tiempo del camino que recorren.
Algunos ponys son tratables, y otros no. El tipo de tratamiento depende sobre todo del profesional que te caiga en suerte, y puede ir desde las codiciadas pastillitas antidepresivas hasta un ingreso sin retorno en un centro psiquiátrico debidamente equipado (con aire acondicionado y Wii). Se han dado casos extremos en los que se ha aplicado la lobotomía al paciente para extirparle el pony; desgraciadamente, estos experimentos, si bien lograron inutilizar al pony, también inutilizaron de paso todas las otras funciones cerebrales. Con tiempo, paciencia y muchas reuniones, los muy competentes expertos han decidido que esta técnica de desponytización no es, en realidad, adecuada respecto a las premisas constitucionales de la mayor parte de los países habitados.
Desde aquí desearía animaros a todos a una temprana detección de ponys, que puede hacerse con una sencilla revisión casera. Es tan fácil como pedirle a un ser cercano que abra el diccionario y nos lea todas las palabras de la A a la Z. Cuando lleguemos a una palabra cuya señal auditiva nos provoque sudoración fría, espasmos, temblores o castañeo de dientes, es que vamos por buen camino: por ahí anda un pony del tamaño de la Giralda.
Altea InPonyLand Gómez
Secretaria en funciones de la Asociación para la Prevención y Erradicación de los Ponys (APEP).
<Pacientes del mundo, ¡uníos!>

Diumenge, 8 Juliol 2007 a les 13:00
jajajjajajajaja que bo
molt i molt
jajajaa
tinc un pony per cert!!